La herencia andalusí en Argelia


Argelia era en época medieval un territorio dominado por las tribus beréberes que . tenían una lengua y cultura propias. El norte de África, que abarca buena parte de lo que hoy conocemos como el Magreb, era conocido entonces en Europa como la Berbería y existía como entidad territorial desde antes de Jesucristo.

El territorio argelino limitaba al este con la Berbería oriental (Túnez) y al oeste con la Berbería occidental (Marruecos). La Berbería central (Argelia) era una tierra de acogida, debido a su estratégica situación geográfica, que había recibido la herencia de diferentes civilizaciones mediterráneas.

Este territorio había resistido sin embargo el asedio de numerosas invasiones, entre otras las de los Romanos, Vándalos y Bizantinos. Después de casi medio siglo de aguerrida resistencia el Magreb cedió en el año 709 a la invasión árabe. Presionada por las exigencias de sus vecinos, Argelia, al igual que las demás regiones del Mabreb, pasó a ser parte del mundo árabe, y se integra en su cultura y su civilización.

Argelia, o el Magreb central, como también se le conocía, era el escenario de permanentes enfrentamientos entre grupos y tribus rivales de dos zonas de influencia con una dependencia recíproca. De un lado, la influencia tunecina, depositaria de la tradición antigua y de la aportación cultural oriental, y en el extremo occidental del Mediterráneo, Marruecos, estrechamente vínculado a la cultura andalusí. Las relaciones culturales y comerciales entre Argelia y al-Andalus existían desde el siglo VII, especialmente entre las ciudades de Tremecén y Granada, a través del puerto de Murcia. En aquella época no pocos sultanes de Tremecén recibieron educación en el palacio de la Alhambra. 

Con la fundación de la ciudad de Orán el año 903 por marinos andalusíes las relaciones entre ambas orillas del Mediterráneo contaban con una nueva salida marítima en tierras argelinas. La ciudad se convertirá pronto en una importante zona mercantil. Orán empezará a recibir una afluencia constante de nuevos pobladores y serán corrientes los matrimonios mixtos entre árabes-musulmanes y cristianas.

La influencia ejercida por tunecinos y marroquíes a lo largo de los siglos configurará el paisaje cultural de la región del Magreb central. En el siglo XI las dos tierras vecinas ejercieron una decisiva influencia en los reinos de los Sanhaya y los Zayyaníes, las dos dinastías que dominaban entonces esta región intermedia.

Argelia recibirá a partir del siglo XI sucesivas olas migratorias de población andalusí que comenzaba a huir de al-Andalus. La primera llegada de andalusíes estaba compuesta en buena medida por familias de notables, de intelectuales y de artesanos que buscaban refugio en el Magreb. Hacia el año 1300 se conocerá una gran migración de refugiados, judíos en su mayor parte, que huían de Mallorca ante el inexorable avance de las tropas cristianas.

Con la caída de Granada y la pérdida del último reino musulmán de al-Andalus, y una vez que el último rey nazarí, Boabdil, se refugió en Fez, el tío de este, Mohamed XIII “El-Zagal”, partirá hacia Tremecén, donde moriría más tarde. Su tumba se encuentra en la necrópolis de los reyes Zayyaníes de Sidi-Brahim.

Siglos después, hacia el 1609, comenzará la última y más importante de las migraciones de musulmanes andalusíes hacia tierras magrebíes. En esto caso se tratará de la expulsión de los moriscos de al-Andalus, los últimos musulmanes que quedaban en la Península Ibérica. La mayoría de ellos llegarán a las costas de Orán, y desde allí poblarán las ciudades de Tremecén, Nedroma o Argel.

La ciudad de Tremcén será a todas luces la receptora de la mayor parte de estos expulsados. Más de 50.000 andalusíes, principalmente originarios de Córdoba, encontrarán refugio en la ciudad argelina. Buena parte de estos refugiados construirán barrios enteros a imagen y semejanza de las poblaciones andalusíes. Tremecén será en cierto modo la última depositaria de la herencia del legado andalusí en el Magreb y por ello recibirá el nombre de la “Granada del norte de África”.

Huellas andalusíes

En Argelia todavía podemos encontrar hoy en día los vestigios y las huellas de la herencia cultural andalusí, sobre todo en la arquitectura, la música, la artesanía, y en la gastronomía. Los modos y giros lingüísticos de los andalusíes eran corrientes en algunas ciudades argelinas. En la capital, Argel, las familias andalusíes solían utilizar su dialecto hasta la llegada de los Otomanos a Argelia, en el 1515. Con el tiempo su parecía debilitarse, pero sin llegar a desaparecer por completo; de hecho, algunas expresiones de este idioma se han incluido en el dialecto argelino. Hasta el año 1830 las familias de ascendencia andalusí formaban una comunidad claramente definida; preservaba su linaje y no casaban a sus hijos nada más que con andalusíes, no podían confundirse de ninguna manera con las gentes del país de acogida. Estas familias guardaban con orgullo las llaves de sus casas abandonadas en Córdoba, Granada o Sevilla, y traspasaban a las siguientes generaciones. En su memoria siempre quedó la fuerte presencia de al-Andalus, a la que añoraban volver en algún momento.

De la arquitectura andalusí aún quedan en Argelia algunos extraordinarios ejemplos, como la Gran Mezquita de Argel, construida por el emir almorávide Yusef ibn Tasufin en 1097, las mezquitas de Tagran en Tremecén y la de Nadroma, son obras que se deben igualmente del emir almorávide. En todas ellas está presente la influencia de la Mezquita de Córdoba, apreciable sobre todo en los arcos lobulados, en sus cúpulas de nervaduras y en la fina decoración en yeso. En las antiguas medinas de Tremecén y Argel también encontramos algunos bellos ejemplos de casas de estilo andalusí pertenecientes a notables de al-Andalus. Estas residencias no tenían nada quer envidiarle a los cármenes granadinos y a las suntuosas mansiones andalusíes de Córdoba, Sevilla o Almería.

Desgraciadamente el estilo arquitectónico de influencia andalusí se ha perdido casi por completo en Argelia. Entre las razones de esta pérdida irreparable habría que distinguir las siguientes: los distintos estilos arquitectónicos que ha recibido este país a través de las sucesivas ocupaciones; el deseo de encontrar, a raíz de la independencia argelina, un estilo arquitectónico propio denominado “argelo-argelino” que ha ocultado, de manera deliberada, todo lo que le precedía, como si la historia argelina hubiera tenido su comienzo en 1962. Pero también hay que achacar esta pérdida a la negligencia y a la falta de sensibilidad por transmitir el savoir-faire de las antiguas tradiciones artesanales en materia arquitectónica. A esto habría que añadir por último el alineamiento argelino con el bloque soviético a partir de los años 60, poco receptivo a la conservación de las herencias del pasado.

La sola herencia del pasado que habría resistido a lo largo de los siglos, y a las sucesivas colonizaciones externas, sobre todo la turca y la francesa, sería el legado musical andalusí. El estilo musical andalusí se transmitió con la llegada de los emigrados de al-Andalus a Argelia, y entre ellos los músicos, que ya se habían instalado a lo largo del Magreb desde mucho antes de la caída de Granada, y muchos de aquellos músicos encontraron cobijo en la ciudad de Tremecén. Esta urbe está considerada como la cuna de la “música clásica” del país. La música andalusí habría llegado al país en tres sucesivas etapas, cada una de ellas representando un estilo diferente: el estilo “garnati” procedente de Granada y cuya heredera es Tremecén; la escuela “sanaa” de Córdoba que arraigó en Argel; y finalmente el “maaluf” de la escuela sevillana que floreció en la ciudad de Constantina, cerca de Túnez. Por distintas razones la música andalusí arraigó con más fuerza en Argelia que en el resto del Magreb. La presencia social de este estilo musical es perceptible en cualquier conmemoración o ceremonia popular. Esta región sería además la que más “nubas”* habría desarrollado, dieciséis en total. A partir de Tremecén la música andalusí se introdujo en la vecina Fez y de ahí pasó al resto de Marruecos. Esta disciplina artística, tan rica y compleja a la vez, fue retransmitida oralmente durante mucho tiempo.

En relación a la herencia de la artesanía andalusí, habría que destacar su indeleble presencia, aún en nuestros días, en los trabajos de bordado y de orfebrería. En esta última hay que destacar la importancia que ha tenido la cadena de transmisión de esta materia a lo largo de los siglos. La enseñanza de las técnicas y modelos de orfebrería andalusíes se han transmitido cuidadosamente de generación en generación, de padres a hijos, en familias de orfebres de origen andalusí. La bisutería de la Kabilia, que emplea fundamentalmente la plata (al igual que el resto de la bisutería beréber en el Magreb), decorada con corales se vio enriquecida con el uso del esmaltado. Esta técnica de origen andalusí consistía en dar a los trabajos una apariencia más colorida y luminosa. De la orilla norte del Mediterráneo también se importaron otras técnicas como la fina elaboración de decoraciones orfebres más complejas o el cincelado.

El legado andalusí en el bordado se vio reflejado en el progresivo redondeado de las formas de los diseños geométricos de origen beréber. La calidad y el estilo de las telas también se vieron favorecidos por la aportación andalusí, que además incorporó nuevos motivos en los trabajos, de estilo más refinado y harmonioso. Tanto en Tremecén como en Argel todavía hoy es común preparar el ajuar de las jóvenes casaderas con los trabajos de bordado de reminiscencia andalusí. En las familias más tradicionales se valoraba mucho que la mujer supiera bordar.

En lo referente a la vestimenta, sería bueno recordar que el tradicional caftán no era sólo un elemento añadido de la indumentaria local sino que formaba parte de la esencia de la identidad y cultura de la España musulmana. La vestimenta servía para distinguir la diferencia entre los andalusíes los diferentes grupos sociales en al-Andalus. Aunque el caftán ya estaba presente como elemento de la indumentaria magrebí desde el siglo III, con el tiempo sufrió distintos cambios y aportaciones. Más tarde no sería difícil encontrar todo tipo de estilos, que variaban según las formas y el origen. La moda andalusí, con sus largas túnicas bordadas y sus suntuosos caftanes, llegaría a Argelia a partir del avance cristiano por el sur de la Península Ibérica y pasaría a formar parte de la vestimenta tradicional de la corte del Reino de Tremecén. Todavía hoy día la ancestral costumbre de portar estos lujosos vestidos está presente en la tradición indumentaria de Argel y Constantina. 

En cuanto a la tradición culinaria andalusí aún queda algo aquí y allá, con mucho menos protagonismo que en Marruecos, desde luego, donde siempre se ha percibido como una parte importante de su cultura y se ha tratado de conservar. La colonización turca en Argelia y la larga y trágica ocupación francesa quizás hayan tenido que ver en el deterioro de este patrimonio. Sólo en la pastelería parecen haberse conservado un buen número de recetas de tradición andalusí. En ciertos casos se conservan de manera integra y en otros se perciben aportaciones de la repostería otomana.

Sería arriesgado y difícil hacer un balance del estado en que se encuentra el legado andalusí en el Magreb. Aunque se puedan destacar ciertos rasgos comunes, resulta más complejo de lo que parece. Las informaciones, leyendas, suposiciones, relatos históricos que cuentan el pasado glorioso de la civilización musulmana de al-Andalus son abundantes, bien es cierto, pero en la mayoría de los casos parecen contraponerse y dejan muchas dudas. Tampoco ayuda el hecho de que cada uno de los países del Magreb quiera arrogarse el derecho a ser los auténticos depositarios de este rico legado.

 

Por: Legado Andalusí. Jeanette Aktouf 

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