A pesar de estos efectos positivos en la región, la factura que dejará el coronavirus para el norte de África y Oriente Medio va a ser muy abultada. “La mayor parte de las inversiones en la zona las hacían los países productores de petróleo y ahora las han reducido como consecuencia de la pandemia”, ha indicado Carlos Conde, director de la división de Oriente Medio y Norte de África de la OCDE durante su intervención en la sesión.

Participantes

Aunque la expansión de la pandemia en los países árabes ha sido hasta el momento menor de lo esperado, sus consecuencias económicas están siendo muy importantes como resultado de la confluencia de múltiples crisis y su impacto en las principales fuentes de recursos para estos países: las rentas del petróleo, las inversiones, las remesas y el turismo. Si la OCDE prevé una caída de las inversiones a nivel global del 30% para este año, en los países árabes este descenso podrá llegar al 45%, según Naciones Unidas, alcanzando cifras incluso mayores en países como Túnez, donde se reducirán un 82,3% según el FMI.

También las cadenas de suministros e intercambios entre las dos orillas del Mediterráneo se han visto perjudicadas como consecuencia de la COVID-19. “Hemos notado una ralentización de las importaciones desde el norte de África a España de automóviles y textil y se han fortalecido las exportaciones de carne a países como Arabia Saudí y Jordania. Aún está por ver si estas tendencias se consolidan a lo largo del tiempo”, ha explicado Luis Moreno, del Ministerio de Industria.

Los cambios de tendencia no quitan que la situación originada por la pandemia vaya a ser muy difícil de corregir a corto plazo. En 2020 ha tenido lugar una caída de las inversiones, algo que ya estaba ocurriendo antes de la expansión de la COVID-19. “Por dar una nota positiva, creo que este tiempo supone una oportunidad para acelerar la digitalización. En Marruecos, Túnez y Egipto se han dado pasos enormes en innovación en estos tres meses. Todavía es un fenómeno muy urbano, pero es un campo en el que las organizaciones pueden invertir para ayudar a la reconstrucción”, ha señalado Roger Albinaya, director del departamento de Políticas Regionales del Mediterráneo y Desarrollo en el Instituto Europeo del Mediterráneo y profesor de Economía.

Gráfico


Gráfico que muestra las importaciones y exportaciones intercambiadas entre España y Marruecos desde 2011 hasta 2018

La digitalización de la economía también supone la gran oportunidad de diversificar las actividades económicas en estos países, una cuestión pendiente para muchas naciones de la región. “Ha llegado la hora de reforzar el consumo y el sector servicios”, ha explicado Albinaya. Otro problema que será necesario atajar es la informalidad del empleo, en Líbano llega al 75% y en Marruecos al 63%, y la falta de inclusión de las mujeres en el mercado de trabajo.

A pesar de los retos que quedan por delante, la crisis de la COVID-19 ha mostrado ciertas fortalezas en estos países. Las Administraciones han actuado con muchísima rapidez cerrando fronteras y tratando de evitar que los contagios se expandieran sin control. Esta ágil actuación ha contenido la cifra de muertes e infectados y muchos países ahora comienzan la desescalada. Con el objetivo de salvar la temporada turística, Túnez reabrió sus fronteras el pasado 27 de junio y Egipto ha hecho lo mismo el 1 de julio.

Fuente: Celia López/ Atalayar